Blog de caballerodelosbares

Rey de orzuelos


1

Un minuto antes de salir de la tienda Crepier, recordó que tenía una abultada cuenta por pagar el mes próximo, fijó el precio de la cartera y se marchó con las cejas alzadas. Frustrada.

Yo por supuesto no le dije nada, fingí estar distraído revisando Facebook en el teléfono, inmediatamente tomé una foto a esa cartera y la guardé para no olvidarme del modelo y color, aprobé esa acción, me sentí un enamorado ejemplar, entendí que todavía me queda romanticismo, por suerte.

Al día siguiente por la tarde ya tenía la cartera, pagué con tarjeta de crédito porque mis cejas también se levantaron al fijar el precio. Medité la forma en la que sorprendería a Claudia, mi enamorada. No se me ocurrió nada, sólo me asaltó un sentimiento de culpa por haberme escapado de la oficina inventando una reunión, una vez más. Será por esa razón que ya no regresé a la oficina y me fui directo a casa. Le envié a Claudia un mensaje por whatsapp y la cité a mi cuarto para cuando salga de la oficina, aceptó sin preguntar por qué, por eso la amo.

Entró a mi cuarto esquivando los orines de la perrita que tengo en casa, que es de mi hermana. Me encontró durmiendo, se sentó a mi lado y espero a que me despierte mientras ella veía tv. Cuando desperté despeinado y con el aliento pastoso, ella dormía y no tuve la misma delicadeza de dejarla descansar, le cerré las fosas nasales con los dedos y por fin despertó o revivió.

-  Mi amor, te tengo una sorpresa, le dije.

-  Agitada me empujó y me dijo – La sorpresa es que sigo viva. Ala mierda Antony, ¿qué te pasó en el ojo?, ¿otro orzuelo? ¿de nuevo?

-  Por la putamadre, no me digas, con razón me picaba el ojo el todo día, carajo.

-  En fin, lo lograste, tu orzuelo sorprendería a cualquiera.

-  No mi reina, mira arriba. Y mis cejas señalaron a una bolsa donde se encontraba la cartera Crepier, encima del armario.

Inmediatamente cogió la bolsa de regalo y su felicidad fue mía. Me levanté luego de recibir dos besos, salí del cuarto descalzo. No esquivé los orines de la perra y entré al baño. Me vi en el espejo y tremendo orzuelo me espantó, al tiempo que abría la ducha para bañar mis pies con orines.

No vale ser romántico si siempre me va a salir éste volcán de mierda, me dije.


2

Si viviese con mi abuela no tendría ni un puto orzuelo, me faltan vitaminas, necesito vacaciones, ya no debo comer más chatarra, no me amo. Debo bajar de peso o coserme la boca.

Claudia dice que cuando vivamos juntos me preparará un buen desayuno a base de proteínas y fibras, que nuestros alimentos serán decentes, que seré una persona más saludable. Yo le creo, por eso hasta que llegue ese día puedo disfrutar de lo insano, de lo que resulta rico en el transcurso y asqueroso en la posteridad.

Mañana por la tarde iremos a un concierto, también irán dos amigas de ella, cada una con sus enamorados, mi hermana y su pareja. Las entradas las compró una de sus amigas, a pesar de haberle transferido el dinero por nuestras entradas, todavía no las tenemos. La angustia nos mata, no queremos que se pierdan o algo así. A mí me cae mal esa amiga, pero aprobé el gesto que tuvo por comprar las entradas, me ahorró la fatiga, tal vez me equivoque en juzgarla demasiado. Por supuesto que si pierde las entradas, la asesino.

Estoy en el baño de la oficina, es la tercera vez que entro al baño y son las diez de la mañana. No veo bajar éste orzuelo que creció hace dos semanas debajo del ojo derecho, no ha hecho efecto la crema terramicina, ni frotando esa zona con oro caliente, como me recomendó Claudia, nunca creí en ese método, me pareció obsoleto. Dos semanas es demasiado, no quiero operarme y mucho menos quedarme así. Tocan la puerta del baño por quinta vez y salgo apresurado pidiendo perdón. Me hundí en la silla y me acosté en el escritorio, vuelvo a ver el orzuelo con un espejito que sustraje de la cartera de mi hermana sin permiso. Me deprime éste cráter encima del párpado. Devuelvo el espejo a mi hermana y con un gesto desdeñoso me dice que debo visitar a mi abuela, asentí con la cabeza sabiendo que no iba a hacerlo. No puedo con mi genio. Todos somos de alguna forma, autodestructivos.

Luego de almorzar todos tenemos sueño, ya teníamos las entradas al concierto. Nuevamente agradecí el gesto de buena samaritana a la amiga de Claudia, pero me sigue cayendo muy mal, hubiera deseado que las pierda y poder asesinarla, no miento.  Mi enamorada me pide recogerla a las seis de la tarde en la casa de su tía que queda a menos de un kilómetro de la mía, sólo debo ir caminando y contar dos cigarros fumados para darme cuenta que ya llegué. Pensando en ese horario, me dormí.

Me despierto a las cinco para bañarme. Me miro al espejo y tremendo bulto encima del párpado izquierdo. No puede ser, otro puto orzuelo, ni siquiera puedo abrir bien el ojo, ni siquiera el orzuelo del ojo derecho ha decrecido, ya tengo dos malditos volcanes y una ceja parece estar más arriba que la otra. Al carajo, así nadie va a un concierto. Rompo y recojo los pedacitos de las entradas que son mía y de Claudia, las deposito en el basurero de mi cuarto, entro a mi cama, intento no llorar y duermo.

Cuando despierto a las siete y media Claudia está con cara de terrorista parada frente a mi cama y bien presentable. En principio, correspondía reprocharme por no haber ido a recogerla, luego vio mis volcanes y se apiadó de mí. Limpió suavemente los orzuelos y me aplicó terramicina una vez más.

-  Perdóname amor, rompí las entradas por coraje, ya no podremos ir al concierto, le confesé.

-  Oh por Dios, bueno pero no hay problema. Mi amiga no podrá ir y me dejó sus entradas en la casa de mi tía. Cámbiate.

Con la buena suerte que he tenido, ya sabrán qué amiga le dejó las entradas a Claudia para que yo vaya a ese concierto con los volcanes que tengo. Debí asesinarla muchísimo antes, pensé.

Tal vez los orzuelos son el castigo por ser muy arrogante o engreído, por escaparme de la oficina inventando reuniones. Quizás debo volver a vivir con mi abuela y dejar que me cuide hasta cumplir cincuenta años, ella lo desea así, me lo ha confesado en varias oportunidades.

Tal vez no veo bien las cosas porque no he conseguido la madurez suficiente, así como tampoco veo bien a los artistas que ahora hacen delirar al público, Claudia canta y baila, embelesada. Yo continúo sentado con el vaso de cerveza, deseando que éste concierto se acabe ya. 


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